miércoles, 16 de julio de 2014

Carta a la que no quiero ser.

No quiero ser como tú, eso lo tengo claro.

Si voy a aparentar menos años será por cómo me veo, no por cómo me comporto. No te lo digo por mal, pero emocionalmente, eres una adolescente que se estancó. Te quedaste viviendo de imágenes y sueños, de amores eternos y actitudes ridículas.

No seré la víctima, como lo eres tú. En esta ocasión prefiero estar del lado del victimario; ese papel de mártir no me queda bien. Tranquila, el mundo no dejará de girar porque llores. Por lo menos el mío no lo hará, por más que lo intentes.

Oye tú, adolescente. Límpiate esas lágrimas y enfrenta los problemas, aún si tienen nombre y apellido, eso de andar alardeando y lloriqueando por tonterías no se usa, y menos para convertir algo de dos, en tres.

Un, dos, tres por ti y meterte siempre donde no cabes.  Nunca fuerces las cosas, por más que las apariencias de que todo está bien así te lo pidan. Ese sistema no funciona ni conmigo ni con nadie.

Ya, deja de pensar que las personas te pertenecen. No son tuyas, ni mías. Deja que la gente sea, el hecho de que para ti la palabra amor signifique dependencia,  no significa que para todos sea igual. Ama con locura, pero no enloquezcas por amar. Que tu compañero no sea tu vida ni tu felicidad, no quiero como tú, ser quien corte las alas de ambos.

Sí, te hablo porque también he amado, porque por pocos que sean mis calendarios he vivido lo que he querido y he volado alto, tan alto como me lo he permitido. Tú no, te limitas a aparentar, cierras tus alas y sonríes mientras cortas las de los demás. Quítate tanto maquillaje y deja de hacerte la que no sabes, la que desconoces, la que te pierdes.

Te lo repito, no quiero ser como tú: dependiente, posesiva y mártir.


Buena suerte y buena mar. 

domingo, 16 de marzo de 2014



Y por primera vez en mucho tiempo, me quedé sin palabras.La garganta se me destruyó a pedazos y se fue mi voz. Esas mariposas que revoloteaban a mi alrededor yacen muertas en el camino que ahora recorro en silencio y con los ojos más abiertos que nunca.



Razón tenía él en alertarme, su corazón no estaba preparado para quererme; estaba cerrado bajo el candado de los recuerdos y por eso sus mariposas nunca pudieron salir.

Nunca me dijo que su buena memoria fuera una carga, yo dejé la mía a un lado porque pensé que su maleta estaba vacía.

Todas las noches la busco en el cielo. De su existencia nos percatamos pocos, entre ellos los enamorados.

La observo, realmente es hermosa. Siempre me ha gustado por fuerte, elegante e independiente, la admiro por su fortaleza, por su ímpetu y porque sin importar las condiciones, está allí. Su lúgubre luminosidad carga los secretos que le he susurrado desde mi infancia, mientras la miro. Me hipnotizan sus formas y sus matices, sus ciclos y su influencia.

Ella me sonríe, es una sonrisa oscura que ilumina mis noches, es una sonrisa cómplice. 

Tú y yo vemos, juntos o separados, la misma Luna. Puede que a veces no te des cuenta de que está ahí, pero sé que ella te dibuja todos esas sensaciones que le narro en las noches en las que nos hacemos compañía a través de mi ventana. En ocasiones, escribirte es tan complicado como hablarte, por eso prefiero hablar con ella, porque es probable que mientras la miras escuches alguna de mis palabras.





jueves, 13 de marzo de 2014

Me enamoran los detalles,
las cartas escritas a mano,
los abrazos eternos
y los besos robados.

Las risas explosivas,
la buena memoria,
las sorpresas bonitas
y los chocolates.

Me enamoran los libros,
las miradas cómplices,
los cabellos moldeables
y el agua caliente.

Las gérberas,
las almendras,
tus manos,
tu afición por los colores café y blanco.

Me enamoras tú.

lunes, 10 de febrero de 2014

Veo su reflejo cuando se mira al espejo. Tiene el cabello negro, la nariz respingada, la mirada  perdida y algunas cicatrices en la cara y en el alma. No se ve el rastro de la última vez que río a carcajadas, ha olvidado el sonido de voz y el motivo por el que está allí sentada.

En el afán por encontrarlo a él, se perdió a ella. Cuando regresó, caminaba con los hombros hacia atrás, la mirada al cielo y los píes en la tierra, se dio cuenta que llorar no la hace fuerte y que amar es de débiles.Con los años sus ojos se perdieron en el gris del cielo lluvioso y las gotas, como lágrimas, rodaron por sus mejillas perforando su alma.

Los recuerdos; los vividos y los anhelados, no permiten que salga esa risa contagiosa parecida al sol. Su voz tiembla como nunca y sus dedos mordidos no logran sostener el peso del dolor. Si la miras de espalda, te darás cuenta de que ahora es otra quien respira por ella.

La gente dice que se alegra porque regresó.